jueves, 2 de marzo de 2017

El malagüero Tuku (Cuento Huancavelicano)

Tukúuu, tukúuu, tukúuuu... , un canto lastimero rompe la tranquilidad de la oscura y fría noche de la puna.
-Mamacha Teófila, ¿has escuchado? ¿Oyes el canto del tuku?- le pregunta Martina asustada.
-¿Alguien estará enfermo? , repregunta la abuelita de canas blancas, rodeado de sus nietos que cuida, porque los padres de estos se fueron a los campos a trabajar.
Tukúuu, tukúuuu, Vuelve a cantar una y otra vez el malagüero tuku, suena como si estuviera llorando, es un canto lastimero que estremece al más valiente, mi abuelita se persigna y ruega que esta ave no escoja su casa para posarse.
La noche se expande sobre Saqsalla, un caserío donde las chozas están dispersas, unos lejos de otros, son casitas de piedra e ichu, regadas al pie de unos cerros que le dicen "Soldado Ccasa", por que de lejos se ve como una fila de soldados petrificados en fila. Decía mi abuela que eran soldados chilenos que fueron congelados por el tayta wamani de esos lares, para proteger a sus gentes que habitan estos lugares recónditos.

Tukúuu, tukúuu, tukúuu..., una vez más porfía con su copla malagüera, asustando a mi abuelita Teofila y los niños que estamos durmiendo abrigados bajo frazadas de oveja y encima de muchos pellejos de carnero.
Martina, anda pregunta a nuestros vecinos si alguien está enfermo, le ordena a la mayor de las nietas. A regañadientes y asustada, sale al frío de la puna y subiéndose sobre unas piedras la niña grita:
- Papayyyyyy. Mamayyyyy allnllachu - , la voz se expande por la fría puna, confundiese con el viento que a esas horas arrecia con fuerza.
A lo lejos se escucha un grito, "allinllammmmm", lo que quiere decir que están bien, sin embargo otra voz desde otro punto del campo inquiere: "tayta Julio mana allinchuuuuuu," comunicaba que Don Julio estaba enfermo y mi abuela nos dice esa es la casa maldecida.
Me asusté por esa noticia, se me vino a la mente, lo bueno que era don Julio, siempre que venía a la puna con mis padres nos alcanzaba en el camino con leche fresca recién ordeñada de su vaca, con quesillo y papa sancochada que comíamos al borde del caminito de herradura, mientras mi padre le invitaba un traguito de cañazo que le había llevado del pueblo. Me daba pena que estuviera enfermo, pero más me hacía temblar el canto del tuku.
Desde mi cama improvisada, veo que mi abuela se persigna y eleva sus ojos al cielo como pidiendo por la salud de don Julio y es que sabe desde sus padres y abuelos, que hay animales que son considerados especiales o sagrados porque tienen la capacidad de pronosticar diversos acontecimientos en la vida del hombre, de la sociedad y también de la naturaleza. Entre esos animales se destaca el tuku, una ave nocturna, de color marrón oscuro y plumaje abundante, cuyo canto está relacionado con la muerte.
La esposa de don Julio ha visto al tuku agazapado sobre una piedra grande y arbustos frente a su casa, su presencia, canto y coplas la estremece. Una vez más en la oscuridad insiste el buho: - Tukúuu, tukúuu, tukúuuu - a la vez se escucha un aleteo suave, como si se tratara del viento, es su canto lastimero en las proximidades de la casa del escogido, ¡tukúuu, tukúuu, tukúuuu... sentenciando al enfermo anciano, que pronto partirá al otro mundo.
El tuku, agazapado en la sombra de la oscuridad levanta vuelo y se pierde con rumbo desconocido, dejando su maldición y llenando de congoja a los familiares del enfermo, que por falta de dinero no podían llevar a Don Julio al hospital de la ciudad para que reciba atención médica.
Al día siguiente, la gente comenta con dolor, la efectividad que tienen estos animales para presagiar la desgracia e infortunio, Don Julio había partido.
Aquella noche, mi prima Martha, mis primos Sergio y Urbano, Martina, Renee, Bely, Haydee, mi hermana, Olga y Julio de escasos años, fuimos testigos de la visita del mensajero de la muerte, "el tuku" y desde aquella noche, espero no escuchar nunca más el canto del lastimero tukuuuu, tukúuu, tukúuuu..., porque escucharlo es asistir al resultado infalible de su canto, tal como mi abuela y sus antepasados lo escucharon por siglos...

Fuente: Marino Ayuque FB

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