lunes, 9 de enero de 2017

La leyenda del Cerro Potocchi

(Cuento.)
Como sabemos con la conquista de los españoles al Perú, Francisco Pizarro se había apoderado del Cuzco y apresado al Inca Atahualpa en Cajamarca y a cambio de su vida, pidió un fabuloso rescate en oro. La noticia llegó a todos los rincones del imperio y conmovió a sus habitantes. La población indígena se puso a juntar el oro que pedía al conquistador, orden que fue llevado por los chasquis a todas las poblaciones, para que juntaran todo el oro que tenían en joyas, utensilios y adornos para salvar la vida del Inca.

La noticia llegó a todos los confines del vasto territorio inca y al poco tiempo bajaban recuas de llamas cargadas con el precioso metal. En sacos y alforjas llenos de oro emprendieron viaje a Cajamarca desde todas partes por los tortuosos caminos de herradura cordilleranos, siendo necesario bordear abismos, vadear ríos y sortear muchos peligros.
Un grupo de nativos que venia del Cuzco al mando de un Cacique y con el objeto de evadir a un grupo de españoles y evitar los asaltaran en el camino, se desviaron del convencional camino del inca y se adentraron cerros adentro siguiendo el cauce del rio Iichu, pensando que era más seguro.
Estaba el grupo casi frente a las pampas de Callqui, cuando de pronto un pájaro negro sobrevoló la caravana, era un tuku y según las creencias aborígenes su presencia hacía presagiar el peligro, por lo que el Cacique hizo apresurar el paso para buscar un refugio.
Presurosos llegaron a la pampa de la Ascension bajo las faldas del cerro Potocchi, cuando observaron a lo lejos una polvareda y gritos de hombres montados en animales que no conocían ( caballos ), con unas armas que tampoco conocían y que vomitaban rayos de muerte.
El Cacique ordenó que algunos lanceros de la caravana se quedaran para hacer frente a aquellos supaypa wuawuan (hijos del diablo), mientras él y un grupo de indios protegerían a las llamas y su preciada carga que transportaban.
Los que iban adelante vieron como los indios de atrás caían muertos, fulminados por esos rayos de fuego de los hombres desconocidos, cuando providencialmente el cacique encontró una cueva en el cerro por lo que ordenó arriar las llamas hacia dentro de las cuevas.
Los españoles cargaron contra ellos, pero el Apu del cerro Potocchi, molesto por la arremetida de los extraños contra su gente, hizo emanar una gran nube caliente que les impidió la visión y encima de ellos les hizo caer abundantes chorros de agua caliente sobre aquellos hombres y sus caballos, quienes ciegos y quemados cayeron por el barranco hacia el rio Ichu, donde murieron.
Nunca más se supo del cacique y del cargamento de oro que transportaban, ni de las llamas, pero lo que se ha escuchado por años es que dentro de la montaña en las noches se ve la silueta de un hombre cuidando una decena de llamas cargadas, viendo siempre al norte. Algunos creen que son el indio y las llamas con el oro, camino a Cajamarca donde fue capturado Atahualpa.
Mientras, el cerro Potocchi Apu y guardián milenario de Huancavelica, sigue manando las aguas calientes desde de las entrañas del cerro, pero ahora lo hace para curar las heridas de los hombres y restablecer la salud a los enfermos.
Este es, según nuestros abuelos el origen de las aguas termales de Potocchi, hoy llamado aguas termales de San Cristobal.

Fuente: Marino Ayuque  (FB)

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